05 ago

Realidad Aumentada y Privacidad

La adopción cada vez más mayor de las nuevas tecnologías ha supuesto un cambio radical en el día a día. Dispositivos como ordenadores portátiles, tablets o smartphones son algo común incluso para sectores de la población menos habituados a este tipo de dispositivos. El hecho de contar con un ordenador en la palma de la mano abre la puerta a nuevas posibilidades, entre ellas una de las más prometedoras, la realidad aumentada.

Convivimos con herramientas capaces de obtener información del medio gracias a los sensores que integran: cámaras, micrófonos o sensores de localización son ejemplos presentes en todos los dispositivos móviles actuales. Utilizando esta información el dispositivo es capaz de crear una experiencia virtual que ofrece nuevas aplicaciones en ámbitos como la educación, el trabajo o la vida cotidiana.

Project Glass de Google aprovecha la realidad aumentada para proveer información a los usuarios acerca de su entorno: mapas, búsquedas en internet, información sobre los alrededores, etcétera.

La educación es otro campo en el que la realidad aumentada tiene un potencial del que ya se está comenzando a tomar partido. Los materiales clásicos como los libros pueden complementarse con experiencias en el entorno de los estudiantes, que permiten un mayor grado de interactividad y amplían las vías de aprendizaje.

La realidad aumentada, a diferencia de otras tecnologías capaces de generar entornos virtuales, aprovecha la realidad que nos rodea y añade información, lo cual permite a los usuarios manipular virtualmente su entorno e interactuar de formas nuevas.

Sin embargo, el cada vez mayor uso de este tipo de herramientas ha generado una preocupación de la sociedad por la facilidad a la hora de conseguir información, que en ocasiones se puede referir a datos personales. Recientemente la aplicación para Google Glass NameTag, que muestra información disponible en Internet sobre las personas que las gafas reconocen gracias a la identificación del rostro, ha generado controversia debido a la violación de la privacidad que puede suponer este tipo de herramientas. No obstante, toda la información que existe en redes sociales, páginas web o bases de datos ha sido añadida de forma voluntaria por esta, por lo que la responsabilidad sobre la protección de esta información reside en gran parte en la persona que la proporciona. Por eso debemos de tener cuidado con la información que publicamos en Internet, ya que lo que estamos haciendo es justo eso: publicarla. Esta información se convierte automáticamente en pública, y cualquiera puede hacer uso de ella.

Si pensamos en todos los beneficios que nos puede aportar la Realidad Aumentada junto con fuentes de Big Data que incluyan, por ejemplo, reconocimiento facial, nos podemos dar cuenta de que van a abrir un nuevo mundo de posibilidades que nos harán la vida mucho más fácil. Un ejemplo muy claro podría ser el de la policía, que podría llevar unas gafas que detectaran en tiempo real el rostro de un delincuente con cargos. Esto y mucho más es posible simplemente aprovechando los datos que las personas ya han publicado voluntariamente en Internet.

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